Por: Bricia Padrón

Adriana me contó cómo todo comenzó una noche en Juriquilla, cuando ella y su esposo fueron a una corrida. Mientras disfrutaban del espectáculo, vieron unos folletos de una escuela taurina y, de inmediato, algo les llamó la atención. «Nosotros ya teníamos la idea de que Memo y su hermano querían ver más de cerca los toros, pero fue esa noche que comenzamos a investigar», me dijo. Así que, sin pensarlo mucho, decidieron inscribir a Memo en una clase demostrativa. Y, lo curioso es que, mientras lo observaba desde el callejón, Adriana se sintió tan cautivada por lo que veía que pensó: «¿por qué no también yo?»

Lo que empezó como una actividad para Memo, se transformó en una experiencia que compartieron como familia. Desde ese momento, madre e hijo entrenan juntos en la escuela taurina, algo que ha unido aún más sus lazos. «Entrenar con Memo es lo más bonito», me dijo Adriana, con esa sonrisa que demuestra lo feliz que se siente al estar al lado de su hijo en este viaje. «No es solo aprender la técnica, es algo único. Es algo que compartimos solo nosotros, un momento que es realmente especial.»

Adriana me confesó que, al principio, ella pensaba que Memo sería el que aprendería rápidamente, pero lo que no esperaba es que él lo hiciera tan fácil. Mientras ella se enfrenta a las complicaciones de la técnica, Memo, con apenas 6 años, se muestra sorprendentemente suelto. «A mí me cuesta mucho las repeticiones de las verónicas y las gaoneras, pero Memo… ¡él lo hace todo tan natural!», me dijo, entre risas, reconociendo que el pequeño está dominando los movimientos de una forma impresionante. Aunque la madre no tiene la misma facilidad, sigue practicando con muchas ganas, determinada a no rendirse.

Lo que realmente disfrutan juntos, me contó Adriana, es entrenar en pareja. «Yo hago de toro y Memo me torea. Luego él me embiste y yo lo toreo», explicó. Se ríe cuando me cuenta cómo se divierten cambiando los roles, y aunque es un trabajo duro, no hay nada que les guste más que ese tiempo compartido en el ruedo. «Lo más importante es aprender, y aunque el miedo siempre está, cada clase nos da más confianza», agregó.

Y a pesar de que este camino no está exento de nervios y desafíos, Adriana tiene claro que el mayor valor de todo esto es el tiempo que pasan juntos. «La primera vez que nos enfrentemos a un toro, va a ser algo impresionante», dijo, refiriéndose a cómo, aunque siente miedo, también está llena de emoción y anticipación. «Es una mezcla de nervios y emoción, porque ya no será lo mismo que cuando Memo y yo nos metimos con un becerro sin saber mucho. Ahora entrenamos y nos sentimos más preparados, pero el respeto al toro siempre va a estar.»

Al final, me dijo que su objetivo personal dentro de la tauromaquia es simple: seguir aprendiendo, disfrutar y vivir esta experiencia al máximo. «El toreo es algo que siempre me había gustado, pero ahora, hacerlo con Memo lo hace aún más especial. Es un sueño que estamos compartiendo juntos y eso no tiene precio.»

Lo que Adriana realmente quiere es que tanto ella como Memo sigan adelante en este camino, sin importar cuán difícil se vuelva. «Lo más importante es disfrutarlo y aprender cada día», me comentó, con esa determinación que solo las madres tienen. Y así, madre e hijo siguen, paso a paso, cada uno aprendiendo y creciendo a su manera, pero siempre unidos en su amor por el toreo.

Fotos: Bricia Padrón

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